Arte en los espacios públicos: el espacio, el tiempo, la moral, la pasión

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Estamos buscando voluntarios que quieran colaborar con nosotros traduciendo al inglés este artículo, si estas interesado escríbenos a colaboratorioarte@hotmail.com
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por Guillaume Désagne publicado en madrid Abierto 2007
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“En el museo puedes decidir lo cerca que te sitúas del arte, pero en la vida no puedes controlar el arte.” 1
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La pregunta básica que plantea todo proyecto artístico en los espacios públicos es: ¿puede existir el arte fuera de los lugares a él consagrados? ¿Puede existir sin perderse, estropearse, desactivarse? Incluso, ¿qué puede ganar o comprometer eventualmente como mutación cualitativa en esta transmisión? En los años sesenta, la inversión en la calle por parte de los artistas respondió en gran medida a una necesidad anti-institucional: el museo, esclerosado en sus modos de exposición, se mostró de repente inadaptado a la explosión de las nuevas formas de la creación. Hoy día, que se sabe que el museo puede absorberlo todo, validarlo todo, para bien o para mal, el arte ya no tiene la necesidad de invertir en los espacios públicos de forma reactiva, sino más bien de manera activa. Es decir, en el caso de los proyectos concretos en los cuales parece necesaria y apremiante una confrontación con lo real. Es bajo este punto de vista que resulta apasionante.Estas ideas, a menudo evidentes, me han sido inspiradas por diversas experiencias, ejemplares para mí en los desafíos que implica la presencia de obras de arte específicas en el espacio público:

  • Domaines publics: una exposición que organicé en colaboración con Aurélie Voltz y François Piron en 2001 que consistió en invitar a una decena de artistas jóvenes a que interviniesen en las juntas de distrito de París en el seno de los espacios públicos: salas de espera, vestíbulos, oficinas de registro, pasillos, etc. Teniendo en cuenta el carácter arquitectónico, político y simbólico, pero también la absorción de las actividades cotidianas de estos lugares, estas obras específicas actuaron todas ellas de manera diferente en esta zona de contacto directo entre el ideal y la realidad democráticos. (Algunas fotografías que ilustran este texto proceden de un proyecto de Elise Parré, son intervenciones en el seno de la junta del 4º distrito, se han difundido en forma de fotografías editadas; el proyecto se canceló a última hora al rechazarlo el ayuntamiento.)
  • Musée Précaire Albinet: obra en el espacio público de Thomas Hirschhorn realizada por invitación de los Laboratoires d’Aubervilliers. Construido al pie de un grupo de inmuebles, el Musée Précaire Albinet presentó durante ocho semanas grandes obras de Duchamp, Malevitch, Mondrian, Dalí, Beuys, Le Corbusier, Warhol y Léger y las estuvo activando todos los días al ritmo de exposiciones, conferencias, debates y talleres de escritura, talleres para niños, salidas y comidas corrientes. El Musée Précaire Albinet, que necesitó 18 meses de preparación, fue construido y ha funcionado con la ayuda de los inquilinos. Las obras procedían de las colecciones del Musée National d’Art Modern y de los Fonds National d’Arte Contemporain.
  • La obra de Ben Kinmont: a menudo adopta la forma de encuestas y de recopilaciones de testimonios; la obra del artista americano indaga directamente las posibilidades de prever la acción social como una práctica artística implicando en su reflexión un público local solicitado. Se trata de preguntar con actos, formas y palabras sobre las fronteras confusas que separan la práctica artística de la acción política y social abriéndose fuera del sector estructural del arte y permaneciendo básicamente enfocada sobre los problemas del arte.

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  • Los espacios públicos no son el espacio del arte.
  • No se debe considerar una extensión del museo ni de la galería.
  • Por tanto, no son un lugar en donde invertir, habitar y aún menos ocupar. Siempre será un espacio «que compartir».
  • Los espacios públicos son básicamente incompatibles con el arte en tanto que espacio de todos frente a la esfera de lo subjetivo (el arte), espacio de la cohabitación de todos contra el de la decisión de uno solo.
  • La obra en los espacios públicos siempre va a perturbar una situación existente y a cuestionar su propia identidad en tanto que obra.
  • Los espacios públicos son un espacio difícil e ingrato que se resiste.
  • Nunca será un territorio neutro ni pasivo.
  • Los espacios públicos no son la naturaleza; por tanto, no pueden ser el soporte de un “land-art” urbano, mudo y deshumanizado.
  • Los espacios públicos, por su energía de vida, son el mejor lugar y también el peor: el de la incomodidad, lo inesperado y el caos. Nunca se está a gusto. Toda intervención queda fuera de control.
  • En los espacios públicos hay que aceptar la posibilidad excepcional de un enfrentamiento inédito, salvaje y espontáneo con arte, aunque también y de forma simultánea, el rechazo, la indiferencia y el desprecio.
  • Impugnando el arte en sus fronteras, es un lugar apasionante.

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  • El tiempo de un proyecto en los espacios públicos no es el tiempo del arte.
  • Un proyecto en los espacios públicos debe ser efímero.
  • No obstante, exige una atención y un tiempo importante de preparación.
  • Los espacios públicos requieren un conocimiento del terreno que no se realiza sobre plano, sino sobre el propio lugar.
  • Este tiempo de preparación es ingrato en el sentido de que es necesario, pero nunca suficiente, ya que suceda lo que suceda, la realidad de un proyecto en los espacios públicos va a contradecir toda lógica preestablecida tanto en términos de puesta en marcha como de recepción.
  • Puesto que se enfrenta a lo real, un proyecto efímero artístico en los espacios públicos puede tener consecuencias muy prolongadas en el tiempo que son inconmensurables.
  • Depende de la experiencia, es una aventura indeterminada: se sabe cómo empieza, pero nunca cómo terminará.
  • En el espacio público, la obra es móvil, dinámica, impugnada y, por tanto, está viva.
  • En este sentido, el arte en el espacio público siempre es arte de la performance.
  • Su fuerza procederá también de su capacidad de resistirse a la desaparición.

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  • Las cuestiones éticas de un proyecto en los espacios públicos son más agudas que en el mundo del arte porque intervienen en el espacio de lo real.
  • Los métodos empleados y sus consecuencias comprometen la responsabilidad del artista y también la del comisario.
  • Llevar a cabo un proyecto en los espacios públicos no debe depender de una oportunidad, sino de una decisión.
  • No obstante, semejante proyecto no debe llegar a ser eficiente de otra forma que no sea la artística. Esa es su prioridad.
  • Su irreductible lógica artística puede desconcertar eventualmente a la moral social, política o económica de una situación dada.
  • Un proyecto interesante siempre cae mal, no se espera jamás y a menudo se debe tolerar.
  • A menudo necesita del diálogo y la explicación (pero no la justificación).
  • El artista debe saber adaptarse a un contexto sin doblegarse a él, comprenderlo sin responderle.
  • Un buen proyecto en los espacios públicos siempre será subversivo, pero esta subversión es doble: frente al arte y frente al espacio público.
  • Se trata de preservar la autonomía del arte allí donde todo la contradice.

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  • Para programar proyectos en los espacios públicos, es necesario recabar artistas que tengan un interés especial por estos lugares.
  • Los espacios públicos exigen un compromiso excepcional por parte del artista y del comisario.
  • En los espacios públicos el artista no tiene ninguna obligación de obtener resultados, sino una obligación sobre los medios.
  • Los espacios públicos no deben ser más que una posibilidad entre otros, una necesidad y una urgencia para la obra.
  • Se debe evitar que un proyecto en los espacios públicos tenga el área limitada a un entorno.
  • Debe comprometer una relación inédita con sus espectadores, fortuitos o solicitados.
  • Un buen proyecto supone una pasión por la experiencia, por la confrontación inmediata y también por el riesgo.
  • Un buen proyecto en el espacio público no “funciona” nunca y demanda por tanto una cierta humildad.
  • Requiere una lucidez particular, aunque también una determinación que deje poco margen a las dudas.
  • Un proyecto en el espacio público puede ser muy simple en sus objetivos, pero sus consecuencias siempre serán extremadamente complejas.

1De una conversación con un participante en un café. Proyecto Moveable type no documenta, Ben Kinmont, 2002.

2Por otra parte, ellas se remiten a la famosa fórmula de Charles Baudelaire sobre “la época, la moda, la moral, la pasión”.

ELISE PARRÉ, SANS TITRE (PHOTOGRAPHIES), 2001.

TH OMAS HIRSCH ORN, MUSÉE PRÉCAIRE ALBINET, 2004. © THOMAS HIRSCH

ORN / LES LABORATOIRES D’AUBERVILLIERSBEN KINMONT, MOVEABLE TYPE NO DOCUMENTA , 2002.

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+Info:
fotografía Thomas Hirschorn, Musée Précaire Albinet, 2004. © Thomas Hirschorn / Les Laboratoires d’Aubervilliers.
Guillaume Désagne
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