Dimensión cultural de Internet – la revolución de las TICs

 
texto extraído de la tesis del Máster en Gestión de Empresas e Instituciones Culturales (2009) por M.A Adriana Cordero Pérez Rosas
fuente imagen http://blog.emagister.com/2012/09/03/5-consejos-para-el-profesor-de-hoy-frente-a-las-tic/

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Abstract

Spexi Magazine es una revista virtual creada para difusión e intercambio de propuestas y agentes culturales. Este proyecto tiene como punto de partida la ciudad de Barcelona esperando crear sinergias entre agentes y proyectos de todo el mundo, gracias al carácter transversal y casi omnipresente de Internet.
Spexi apuesta por la importancia de la proximidad e interactividad entre el producto y el destinatario, el alcance de la información a todo tipo de público, así como la importancia del trabajo en red – redes de colaboración y las comunidades online sólidas.
La revista está dirigida tanto al público especializado como al público en general interesado por Barcelona y su oferta cultural.

Contextualización

Toda ciudad es una ordenación espacial cambiante que conserva un sin número de huellas de prácticas y espacios acumulados que, con el tiempo; son continuamente resinificados y Barcelona no es la excepción. La ciudad está viva en sus gentes –todos actores sociales– y las luchas por la apropiación del uso, el significado y los cambios en los espacios urbanos no cesan, por mucho que el impacto de las acciones del poder, sea el que enmarque las contestaciones ciudadanas.
Desde el final de la guerra civil española, en el año 1939; y posteriormente con la dictadura franquista, desde los años 40 hasta su muerte y sucesión en 1975; se vivió en toda España época brutal de represión y destrucción de libertades. Las autonomías fueron suprimidas para dirigir el país desde el gobierno central, buscando la unión social de los ciudadanos mediante la represión cultural, privándolos del espacio común: la calle, palabra que por definición es sinónimo de libertad y pertenencia para el ciudadano.
Cuando el régimen franquista acabo y se reinstauro la democracia, los barceloneses se propusieron recuperar espacios y derechos perdidos durante la época represiva y hacer de la ciudad de Barcelona su ciudad, donde fuesen sus mismos ciudadanos los generadores de cultura.
Cataluña entra en un proceso de democratización en el cual también demanda un reconocimiento cultural frente del Estado español.
La reconstrucción de la vida ciudadana se convirtió en uno de los objetivos principales para el Gobierno Catalán. Es así que la calle se convierte en un elemento transformador; sinónimo de espacio para la libertad y de pertenencia. La transformación física del entorno urbano de Barcelona se vinculó conjuntamente con la sociedad y de la vida cívica. Un ejemplo de esto son las fiestas mayores.
Dentro de la investigación realizada por Mari Paz Balibrea(1), Barcelona: del modelo a la marca(2) menciona dos conceptos fundamentales para denominar los cambios surgidos en esta ciudad: el modelo Barcelona y la marca BCN.
El concepto de modelo Barcelona se utiliza de forma dominante en círculos internacionales de urbanistas, arquitectos, geógrafos, sociólogos, políticos municipales y expertos en políticas culturales, para definir lo que podríamos llamar una estrategia de regeneración urbana referida a los profundos cambios, tanto socioeconómicos como urbanísticos, que la ciudad sufre desde la mitad de los años 70.

El concepto del modelo Barcelona es positivo, alabatorio, y considera como un gran éxito tanto las resoluciones urbanísticas adoptadas en diseño y arquitectura, tenidas como de alta calidad formal y estética, como las políticas que las respaldan y el impacto de todo ello en la ciudadanía y en la economía de la ciudad. En este sentido, Barcelona y sus políticas institucionales se establecen como un buen ejemplo, como un modelo de principios y prácticas a seguir. (…) Después de 1992, el modelo vive de sus rentas de prestigio y progresía, pero se desvirtúa, derechizándose políticamente, y sucumbiendo, cada vez más estrepitosamente, al impacto masivo del neoliberalismo, y las servidumbres de la competitividad global entre ciudades (Antich; Montaner; PePa). Llega entonces la hegemonía de la marca BCN. (Balibrea: 2004)
En este sentido se propone una distinción conceptual entre el modelo Barcelona y la marca BCN, que aproveche los elementos y características más socialmente progresistas y más específicos barceloneses asociados al concepto del modelo, y los distinga de los procesos globales de branding que se asocian indefectiblemente a la marca. Lo que se pretende con ello no es una periodización rígida según la cual la marca empieza donde termina el modelo, pues ambos conviven desde el principio haciéndose posibles el uno a la otra.
Unidos, los dos conceptos pueden funcionar como los dos polos local-global entre los que oscilan, por una parte, las políticas urbanísticas con las respuestas locales a ellas, y por otra, el encaje de éstas en un marco socio-económico global que resulta en el híbrido que se ha dado en llamar glocal; como dos polos entre los principios y efectos más socialmente positivos de las transformaciones barcelonesas, por una parte, y por otra, su más cruda desvirtuación en ciudad-parque temático; como dos polos extremos entre unas transformaciones inteligibles en tanto que influidas por los impulsos modernizadores y progresistas de miembros concretos de una élite en el poder, por una parte, o como el resultado del empuje arrollador de una economía postmodernizada perpetuadora de desigualdades, por la otra. En la oscilación entre estos dos polos, con predominio claro de la atracción del polo marca desde 1986, se ha dibujado el horizonte de las transformaciones urbanísticas barcelonesas desde la Transición(3).
El producto Barcelona acaba modificando la naturaleza de la intervención del artista: la mercantilización radical que trae consigo la confección de Barcelona como marca a exportar y vender, la función del artista se reduce a la creación de forma estética capaz de añadir valor diferencial al paquete urbano a consumir, entrando en el mercado oficial del arte solo algunos elegidos. Así podemos citar a George Yúdic(4) cuando se refiere a la cultura en la era global: el problema es que los grandes consorcios que dominan en la esfera de las industrias culturales crean su propia versión de la diversidad cultural, que incluye a ciertos artistas del tercer mundo, por ejemplo en la World Music, pero que no son un reflejo fiel de la verdadera diversidad que existe en el mundo(5).

El panorama al que nos abocan estas reflexiones es, desde el punto de vista social, poco halagador, pues cuanto más profundizamos en los significados de la cultura en relación con el modelo Barcelona, más se nos hace evidente cómo éste la instrumentaliza al servicio de unos intereses que son muchas veces ajenos a los de muchos ciudadanos a los que representa. Barcelona tiene elementos de urbanismo democratizante e integrador que siguen presentes en el espacio social y construido de la ciudad, por mucho que haya quien pretenda colonizarlos para intereses ajenos al principio de que todos tienen derecho a la ciudad.
El desarrollo cultural exige tener en cuenta, al menos, cinco dimensiones: la libertad de los individuos y las comunidades para expresarse –la libertad cultural en una ciudad diversa-; las oportunidades de los creadores para desarrollar todas sus potencialidades y proyectarlas –la ciudad creativa-; la riqueza y variedad de agentes y actores culturales en un equilibrio entre el mercado cultural y espacio institucionalizado por la cultura –un ecosistema cultural denso y productivo-; la preservación de la memoria a través del patrimonio acumulado –la ciudad en el tiempo-, y finalmente, la preservación del espacio público como lugar de encuentro, diálogo e intercambio –la ciudad es espacio público-(6).

Dimensión cultural de Internet – la revolución de las TIC 

Internet no es solamente- ni principalmente- una tecnología, es una producción cultural en sí misma. Su impacto en el debate político cultural y su relación con los derechos, la economía y los movimientos sociales se ve reflejado en los cambios que ha ejercido en la cadena de valor. La Web 2.0 ha trasformado los modelos de intermediación complejizando el entorno legal y redefiniendo el concepto de propiedad. Esto ha generado nuevos modelos de negocio (redefinición del Marketing Mix, ventas online…) y de trabajo en red (físico vs. virtual).
De esta misma manera, dentro del sector artístico ha hecho que el proceso de generación de contenidos se nutra con una nueva vertiente. El poder digital a dado paso a nuevos formatos artísticos: arte en red, video arte, arte y ciencia, etc.; transformando no solo la obra en sí sino el entorno físico del artista (el taller, la galería, etc.).
Nuestro proyecto se basa en la visión de las TIC como una oportunidad, la cual busca favorecer el uso productivo del entorno potenciando la proyección y el desarrollo de nuestros recursos culturales, activando el pensamiento crítico del usuario no limitándolo solo a ser un receptor pasivo de la información que unos pocos vierten. Para ello nos serviremos de las características que la Web 2.0 nos ofrece:

La Interacción: la verdad revolución de Internet en el ámbito cultural nace de la capacidad de sus usuarios de ser receptores y creadores de contenidos.
Participación: es un medio altamente flexible sobre el que los usuarios establecen sus propias lógicas de flujo de intercambio cultural.
Accesibilidad: si bien temáticamente la revista trata sobre una ciudad específica, espacialmente Internet es un instrumento que no se limita a las fronteras geográficas, por el contrario rompe con ellas.
Integración y Retroalimentación: permite intersecciones transversales entre sus distintos usuarios.

Democracia e Identidad Cultural – El reconocimiento del “otro”

Todos somos protagonistas en la creación de una nueva topografía cultural y de un nuevo orden social, en nosotros somos <<otros>>, y necesitamos a los <<otros>> para existir.
La hibridación ya no es discutible; es un hecho demográfico, racial, social y cultural.
Guillermo Gómez-Peña, The New World Border.

Los principios primordiales de la política cultural son el reconocimiento del derecho a la cultura, la dimensión cultural del desarrollo, la democracia cultural y la defensa de la identidad cultural.
La democracia cultural basa su discurso en el reconocimiento de la diversidad cultural y la promoción del acceso de la población a la cultura.
A principios de los 70 se inició un fuerte debate sobre la dimensión social de la acción cultural. Muestra de ello es la primera declaración internacional que recoge este cambio de mentalidad hecha en la Conferencia Intergubernamental de la UNESCO sobre las políticas culturales en Europa, celebrada en Helsinki en 1972(7):
(…) la cultura no se limita al acceso a las obras de arte y a las humanidades, sino que es al mismo tiempo adquisición de conocimientos, exigencia de la forma de vivir, necesidad de comunicación; (…) no es un territorio a conquistar o a poseer, sino una forma de comportarse en relación a uno mismo, a sus semejantes, con la naturaleza; (….) no es sólo un ámbito que convenga democratizar, sino que deviene una democracia a poner en marcha.
Asimismo, de forma progresiva, se toma conciencia de que el progreso de la democratización y de la descentralización se está realizando con mucha más amplitud para los productos industrializados accesibles en el mercado que para los productos subvencionados por los poderes públicos. (Girard, A., 1982)

El concepto de identidad cultural se comprende a través de las definiciones de cultura y de su evolución en el tiempo.
Para poder comprender el concepto de identidad cultural, es necesario conocer la evolución del concepto de cultura y cómo ha llegado hasta nuestros días.
Para entender la diversidad de conceptos sobre cultura, entre 1920 y 1950 los científicos sociales norteamericanos crearon no menos de 157 definiciones de cultura (Kuper, 2001). En el siglo XIX numerosos intelectuales reconocen el plural del concepto cultura, que equivale a reconocer la no existencia de una cultura universal y las diferencias de ver y vivir la vida por parte de los diferentes pueblos en el mundo. Ya en el siglo XIX, T.S. Eliot escribía: la deliberada destrucción de otra cultura en conjunto es un daño irreparable, una acción tan malvada como el tratar a los seres humanos como animales […] una cultura mundial que fuese una cultura uniforme no sería en absoluto cultura. Tendríamos una humanidad deshumanizada. (Kuper, 2001: 57)(8).
El concepto de identidad cultural encierra un sentido de pertenencia a un grupo social con el cual se comparten rasgos culturales, como costumbres, valores y creencias. La identidad no es un concepto fijo, sino que se recrea individual y colectivamente y se alimenta de forma continua de la influencia exterior.
La identidad cultural de un pueblo viene definida históricamente a través de múltiples aspectos en los que se plasma su cultura, como la lengua, instrumento de comunicación entre los miembros de una comunidad, las relaciones sociales, ritos y ceremonias propias, o los comportamientos colectivos, esto es, los sistemas de valores y creencias (…) Un rasgo propio de estos elementos de identidad cultural es su carácter inmaterial y anónimo, pues son producto de la colectividad (González Varas, 2000: 43)(9).
La cultura juega un papel importante en el desarrollo de un territorio.
El desarrollo local se ha convertido en el nuevo activador de las políticas de patrimonialización. Mientras la sociedad de los lugares se convierte en la sociedad de los flujos, parece como si los lugares se hayan involucrado en una obra de construcción identitaria, que privilegia la dimensión local o ciudadana por encima de las nacionales, estatales y globales. La identidad es el viejo territorio del patrimonio y no es de extrañar que entre los objetivos reconocidos por la mayor parte de actuaciones patrimoniales que se realizan en estos ámbitos, figure la (re) construcción de las identidades locales (García, 2002: 66)(10).
Para que una o varias identidades culturales generen desarrollo territorial es necesaria una voluntad colectiva (política, comunal, empresarial, asociativa, etc.) y un reconocimiento del pasado, de la historia.

Como lo menciona Bernard Kayser (1994: 37), las diferenciaciones culturales localizadas preparan a veces competiciones que justifican las fugaces rivalidades entre pueblos, aldeas y barrios: éstas pueden servir para encauzar las pasiones individuales y colectivas que no encuentran aplicación. Pero, al contrario, la búsqueda o reconstrucción de una identidad territorial constituye la razón evidente de individuos, de grupos, de localidades y de espacios motivados por un deseo de situarse, de enraizarse en una sociedad. De esta manera en particular, la connotación cultural regional es reconocida por todos, a través de las especificidades legadas por el pasado, y que se encuentran aún vivas: el idioma, los gustos, los comportamientos colectivos e individuales, la música, etc.(11).
Para efectos de este proyecto tanto en la teoría como en la práctica, se puede apreciar que el desarrollo de un territorio supone una visión que pasa por una acción colectiva, que involucra a los gobiernos locales, regionales, el sector privado y la población en general. Y esta acción colectiva implica numerosas actividades que pueden basarse en lo cultural, como la identidad y el patrimonio.
La identidad supone un reconocimiento y apropiación de la memoria histórica, del pasado. Un pasado que puede ser reconstruido o reinventado, pero que es conocido y apropiado por todos. El valorar, restaurar, proteger el patrimonio cultural es un indicador claro de la recuperación, reinvención y apropiación de una identidad cultural.

[…]

Derechos de autor en la nueva era digital

Los derechos de autor nacen con la idea de defender los intereses económicos y el derecho moral del creador sobre su obra respecto al editor. Con la llegada y revolución de la era digital esta definición se pone en juicio, ¿la tecnología digital y en especial Internet suponen un peligro para la propiedad intelectual?
Las definiciones tradicionales de reproducción, distribución y comunicación al público están pensadas para un mundo analógico. Cuando una obra circula por Internet, se hacen múltiples copias, actos de distribución y de comunicación al público, aunque sea de forma involuntaria y absolutamente necesaria para llevar a cabo la transmisión y visión de la obra en cuestión. Las copias digitales; aunque no siempre, tienen la misma calidad que el original permiten hacer muchas en menor cantidad de tiempo. Así también nuestro régimen de propiedad intelectual está pensado para un mundo analógico, de obras impresas y tangibles, debido a esto la tecnología digital ha hecho tambalear esta estructura tradicional. Con Internet, el autor pierde el control de la explotación de su obra, no sabe quién, cuándo, cómo, ni dónde se compraba o consume su producto. Igualmente se habla debate sobre la inseguridad jurídica de Internet en el ámbito del derecho internacional privado, ya que Internet es global, no conoce las fronteras físicas, en cambio las leyes y tribunales están pensados para un mundo separado en pequeños ámbitos territoriales de competencia.
Desde Spexi Magazine creemos que nuestra función es la de ser mediadores entre los creadores, usuarios y ciudadanía en general, instando a repensar a éstos la transformación que ha tenido la forma de creación, consumo y participación cultural; así como los modelos de financiamiento y de negocio, los cuales implican un reto de complejidad creciente. Desde Spexi apostamos por la flexibilidad de Internet y se espera los usuarios creen sus propias lógicas de intercambio.
Los autores que deseen colgar obras en la revista deberán otorgar los derechos a la misma o contar con una licencia Creative Commons(12), la cual especifique el uso comercial de la obra, el permiso a modificarla, el formato, así como el derecho moral a reconocer al autor de la obra
Normativa:
Organización Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI)(13)

Notas
(1)María Paz Balibrea se ha especializado en el análisis de la cultura contemporánea española y ha escrito e investigado de forma extensa sobre los cambios y acontecimientos culturales que se han dado lugar en la España post-Franco.
(2)En: E-barcelona.org http://e-barcelona.org/index.php?name=News&file=article&sid=5932
(3)Op.cit
(4)Profesor titular del American Studies Program y del Departamento de Español y Portugués de la New York University. director del Privatization of Culture Project – Centro de investigación de políticas culturales, también en la (NYU); y director del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe. Es uno de los principales teóricos mundiales sobre la industria cultural, y una referencia imprescindible en los estudios culturales sobre América Latina.
(5)En: euc.ar, Portal educativo del Estado argentino http://portal.educ.ar/noticias/entrevistas/george-yudice-usos-de-la-cultu.php
(6)En: Plan Estratégico de Cultura de Barcelona, 2006. Pág. 48.
(7)Informe Final: http://unesdoc.unesco.org/images/0000/000014/001486SB.pdf
(8)En: Revista Opera No. 7, Pág. 71.
(9)Op. Cit., Pág. 73.
(10)Op. Cit., Pág. 74.
(11)Op. Cit., Pág. 75.
(12)Creative Commons – España: http://es.creativecommons.org/
(13OMPI: http://www.wipo.int/portal/index.html.en
 
 
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